Para la mayoría del la gente uno de los principales atractivos de la fotografía es el equipo. Toda esa moderna tecnología diseñada para adaptarse a las manos y a los ojos. Por supuesto, las herramientas son imprescindibles, pero de ningún modo deberíamos acabar haciendo fotografías únicamente para comprobar el funcionamiento del equipo.
Otra faceta atractiva es el propio proceso fotográfico. Proporciona los medios de capturar lo que vemos. La cámara es, en cierto modo, una máquina del tiempo que congela cualquier persona, lugar o situación que elijamos. Produce la extraña sensación de tener poder y decisión sobre todo aquello que nos rodea.
Quizás nos hayamos interesado por la fotografía principalmente porque es un modo rápido, fácil y directo de registrar algo. La fotografía es evidencia, identificación, un tipo de diagrama de la realidad.
La faceta opuesta de la fotografía es su capacidad de manipular o interpretar la realidad. Lleva el aura de la verdad cuando, en realidad, unas manos expertas pueden captar lo que desee el manipulador.
La fotografía también es un medio de expresión personal. Puede parecer extraño que algo en apariencia objetivo como es la fotografía pueda usarse para expresar, por ejemplo, ideas, metáforas o una escena bañada de misticismo. Una fotografía puede intrigar a través de las cuestiones que plantea, induciendo al espectador a volver a mirar y leer nuevos significados.
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